jueves, 19 de junio de 2014

El amor después del amor, después del amor





Por: Daniel Saborío


El amor se ha convertido en un sentimiento de bisutería, hoy en día es tan fácil pronunciar un Te amo que pareciera que recibimos regalías por ello.

Una chica conoce a un chico, este le dice dos o tres palabras amables y comienza una historia melosa entre dos apologéticos románticos que dan su vida por ambos, al menos hasta la siguiente semana, después de una espectacular eyaculación precoz o en su defecto hasta conocerse en persona.

Si hay suerte:
Se dan cuenta que están cometiendo el error más absurdo de su vida, se separan y comienza de nuevo la historia, uno de los dos queda tan herido que se pasa todo el día llorando y escribiendo trágicos y ridículos discursos en sus redes sociales, de pronto alguien llega le da dos o tres palabras amables y la función vuelve a comenzar.

Si no hay suerte:
Formalizan una relación destructiva que va minando cada día su optimismo y su felicidad.

El ciclo de relaciones efímeras es válido únicamente cuando se tiene la evolución mental adecuada para aceptarlas como tal, por ejemplo vas al cine sabiendo perfectamente que en 2 o 3 horas la película terminará, te enfocas en vivir esos momentos al máximo y cuando termina te vas, no esperas que la película dure toda la vida ni juras que es la mejor que has visto y mucho menos que nunca podrás ver otra igual.

Cada vez hay más tontos enamorados que son como aquel ratón apasionado que cree que el gato le acaricia amorosamente cuando en realidad le está rasgando la piel.

Estaba un día cenando con Cupido, el pobre diablo acababa de sufrir otra racha de depresión debido a que más de medio mundo lo repudiaba. Me contó que se había retirado de las labores del amor, ahora su principal ingreso es la venta de autos usados en la frontera con Guatemala y uno que otro negocio riesgoso.

-No entiendo a las parejas de ahora antes necesitaba usar dos o tres flechas para que surtiera efecto el maldito hechizo amoroso y ahora basta un simple bip bip de sus teléfonos para caer profundamente enamorados de alguien a quien ni siquiera conocen.

¿Qué diablos les sucede?

No pueden seguir culpándome a mí, ni siquiera estoy en el negocio, hombre, me joden por correo electrónico, en la calle, en mi casa, hasta incluso por telepatía. ¡Es un jodido bullying!  No entienden que ya estoy retirado de eso, ni siquiera uso el pañal ni las alas ¿Ves que tenga alas? 
¿Qué quieren de mí?

Traté de controlarlo, el tipo se veía bastante afectado y no es para menos, qué culpa tiene él de la mentalidad infantil con la que nos educan nuestros padres y la sociedad, príncipes azules, princesas atrapadas en una lejana atalaya vigilada por un dragón mal humorado y con problemas de impuestos.

Siempre debe haber un comodín al cual culpar por nuestros problemas, sino es Cupido, es el amigo del amigo que nos presentó a aquella chica que tanto daño nos propinó, culpamos a nuestros padres por habernos parido o cuando nada de eso es suficiente culpamos a Dios por crear un mundo lleno de despiadados.

Al amor se le debería dar todo el respeto que se merece, crearlo, cuidarlo, pulirlo y mantenerlo siempre vigente. Aprender a diferenciar entre las mariposas en el estómago que te indican un amor puro y los revoloteos lujuriosos de la pasión.

Si los sapos dejaran de vestirse como príncipes y las princesas se aflojaran un poco los corsés, si hubiera más sinceridad al momento de comenzar una relación estas durarían más y serían más del tipo comedia romántica y menos thriller de horror pasional.


La vida es más sencilla de lo que parece pero por alguna razón siempre la estamos complicando con actitudes absurdas que obstruyen el flujo de la evolución, son como un colesterol social que tapan las arterías y hacen que todo comience a joderse.