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domingo, 29 de junio de 2014

Manifiesto amor








Por: Rogsel Castillo / @Rogsel


A todas las personas que han pasado por mi vida, no a todas las amé, aunque a todas las recuerdo.
Tampoco creo que llegaré a amar a todos y cuantos me esperen a lo largo del camino, a todos quienes estén determinados a aparecer en mi futuro. Solo podría asegurar una cosa: en lugar del odio preferiré no juzgarte.
En lugar de reaccionar por tus defectos o por tus maltratos, desempolvare tus miedos, inseguridades, y notaré que al final, igual que yo solo buscas al amor. Quizás no lo entregas, quizás no has conseguido la forma. Yo buscaré no apuntarte con mis ojos, con mis dedos, buscare recibirte, y  dejarte ir de la mejor manera posible.

Hemos aprendido a reírnos de los chistes que se burlan de situaciones ajenas. Podemos burlarnos de nosotros mismos, pero que esa risa no constituya un agravio al sentimiento ajeno. Nunca.

Es así como entendí al amor como a la pulpa de la fruta. Dulce o amarga, deliciosa, cuyo jugo se esparce entre las manos, néctar derramado entre los dedos. El mango: una bomba de hilos cremosos y mojados, exuberantes; el cambur: explosivo, noble, potenciador de emociones; las fresas, desconfiadas, agridulces, agrias o más dulces, depende de ellas, irreverentes, románticas; la lechosa, confieso que no era de mi agrado, su olor no me parecía coherente con su sabor, ahora, es mi fruta predilecta, crea en mi paladar un entorno sabor a vainilla, -no es una locura- es el amor.

Quiero corregirme, quiero explicarme, que el amor no existe en todas sus formas, el amor es uno solo, es puro, asimétrico, latente. Las formas no tienen nada que ver con el amor, el sexo, el color, los gustos, las coindicidencias y las diferencias, la ignorancia y la verdad, solo han sido construcciones idealizadas por los hombres no solo para excusar al amor, sino para definirlo. Me pregunto entonces si cada uno de nosotros amaría igual, como lo hacemos ahora, en cuerpos sin piel, sin sexo, cuyas venas fueran el molde y envase, la primera mascara del ser humano.  


Quiero corregirme, quiero explicarme, que tampoco pretendo amar incondicionalmente a quienes nos dañan, asechan con sus bajas energías, y pretenden en cada acción desmejorar nuestra estabilidad y destruirnos. Tampoco quiero pedirte perdones como mandato universal, esa es una decisión personal, ajena. Pero si creo que se pueden redefinir las relaciones interpersonales. Que no tendríamos por qué integrar a nuestra vida a personas que su única finalidad, consciente o inconscientemente es ponernos a vibrar como ellos. Confío que -sin ánimos de juzgar- podemos dejar ir lo que no está en sintonía con nosotros, y eso no nos hace selectivos, nos hace saludables. 

lunes, 23 de junio de 2014

"Si no te gusta algo, cámbialo. Si no puedes hacerlo, cambia tu actitud. No te quejes"


 
Sin haberla leído previamente, era la frase que se estaba integrando a mi vida, a mi nuevo renacer, a mi nueva manera de entenderme para luego mostrarme ante el mundo que diariamente trataba de comprender. Esa frase me trastocó esa mañana, cuando me preguntaba constantemente cuándo iba a interiorizarla, cuándo por fin iba a hacerlo. Yo creía saber cómo. 





Por: Rogsel Castillo


Maya Angelou: "Si no te gusta algo, cámbialo. Si no puedes hacerlo, 
cambia tu actitud. No te quejes"


Las ansiedades siempre están a la orden del día, sobre todo en países latinoamericanos donde por 'X' o por 'Y' siempre está pasando algo en el contexto social y económico que nos trae emocionalmente hasta el piso, caminando por inercia, con nuestros ojos perdidos como si flotásemos en tan ambigua mezcla: la inseguridad emocional.

Sabemos todas las connotaciones que tiene la palabra crisis y sabemos, también, la significación diaria que le damos al verbalizarla, cada quien a su manera.  Desde febrero de este año, como todos saben, Venezuela ha pasado por situaciones que no sólo nos descolocaron como ciudadanos, sino que nos hizo cuestionarnos y reorganizar nuestras ideas y los puntos donde estamos parados con relación a los otros. Nos hizo preguntarnos si teníamos o no la razón, qué o cuál era la razón, cómo y quién tenía esa razón, y quién somos nosotros en esa laguna de verdades absolutas que todos parecen tener.

La sensación de “en quién me ha convertido este país” y “en quién quiero convertirme”: seguir a la manada que irrespeta los pensamientos ajenos, ser parte del cúmulo que prefiere ignorar la realidad social, estar en el banquillo de los fieles reproductores de las palabras ajenas, o quedarnos en la nube gris de la rabia, de no querer tomar partido por ningún equipo, mientras nos sentimos sensibles y débiles, en esos días yo estaba de ese lado. Creo, además, que estas sensaciones pueden extrapolarse a cualquier escenario, no necesariamente el político y social. A veces tenemos varios zapatos psicológicos en nuestra vida y no estamos calzados en ninguno de ellos.   

No es fácil enfrentarnos desde las ideas con personas que queremos, amigos, familia, amores. Mucho menos es fácil caernos de bruces con nosotros mismos.
Así pasaron días, semanas y meses, hasta que evidencié de afuera hacia adentro que cada persona es única y sus pensamientos también lo son, sean o no acordes a mis ideas, lo son, sean o no coherentes con mis ideas, lo son, son respetables y no puedo cuestionarlos hasta el punto de faltarles al respeto.

Cuando vi esa verdad con mis ojos, mi verdad, me di cuenta que eso mismo también aplicaba para mí: que yo no soy un ser dependiente de los paradigmas sociales, que debo en primer lugar reconocerme y establecer mis principios sobre tal o cual tema para luego aceptar que las consideraciones ajenas pueden ser una nueva manera de ver las cosas, de hacerme ver que nada es estático e inamovible en esta vida, pero que esas consideraciones nunca tendrán más importancia que mi esencia.

Finalmente, podemos entender que independientemente del contexto/problema en el que nos encontremos, esa situación que nos hará descolocarnos y cuestionarnos sobre nuestras propias ideas, no es más que una oportunidad para conocernos y rehacernos, de nuevo.

            
Y como dijo el gran maestro Carlos Cruz-Diez “Yo me diseñé”.



miércoles, 18 de junio de 2014

La muerte: ¿algo natural?





Por: Rogsel Castillo


Y ¿qué es entonces? No fue una mañana como todas las anteriores, aunque a la misma hora me encontraba haciendo lo mismo: lavando el plato de mi desayuno. En voz alta verbalicé: “qué mal tratada está la muerte en nuestra cultura, ¿no te parece?", le preguntaba a una amiga. Descolocada, sorpresiva, me respondió: “¿mal tratada?" "Sí, cuando se te va esa persona duele muchísimo, te 'derrumbas'", y en sus palabras encubría el argumento “tú sabes de qué te hablo”.

Y claro que lo sabía, “¿pero no debería tomarse o entenderse como algo natural?”, le pregunté, “¿natural?" Me preguntó como si realmente no lo fuera, como si mi pregunta desnaturalizara la vida.

Me retiré de la conversación. Un poco confundida, no quise ofender con mis palabras el vacío de aquellos que ya se habían ido. Conocía muy de cerca el sentimiento que dejaba la ausencia irreversible. Pero, seguía cuestionándome, ¿y si independientemente de la cultura nos hubiesen fundamentado en la conciencia colectiva que tenemos que amarnos, cuidarnos y valorarnos, darnos y entregarnos, apreciar nuestra belleza, entendiendo que todos tenernos una fecha para cerrar el gran ciclo: la vida, que todos vamos a morir, y que el proceso en vez de ser un evento destructor emocionalmente por el vacío físico que deja, se desarrolle un entendimiento consciente, sin miedo?


En vías de comenzar mi día, pensaba en mis ideales de socialización, entendimiento, crecimiento y posturas ante la vida y la muerte. Sabía que para llegar a esa premisa que le planteaba a mi amiga, tenía un largo camino por recorrer. Sin miedo.