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lunes, 11 de agosto de 2014

Finaliza Encuentro Internacional de Mujeres Poetas en Comitán

Las poetisas invitadas al Encuentro Internacional de Mujeres Poetas iluminaron la casa donde vivió Rosario Castellanos.
Foto: Daniel Saborío


Comitán de Domínguez, Chiapas
Círculo Revista Cultural


El pasado sábado, 9 de agosto, en las instalaciones del Centro Cultural Rosario Castellanos culminó el Encuentro Internacional de Mujeres Poetas, que dio inicio el jueves 7 en la capital del estado, Tuxtla Gutiérrez.
El evento fue organizado por la poetisa Socorro Trejo Sirvent, presidenta del Seminario de Cultura Mexicana e integrante del Grupo Literario Décima Musa, como un homenaje a la extinta escritora y poeta Rosario Castellanos, con motivo de su 40 aniversario luctuoso.
Poetisas de todo el mundo acudieron a la ciudad para presentar su obra como ofrenda a la memoria de Rosario, quien es considerada como la poeta más importante del siglo XX, además de haber sido una implacable defensora de los indígenas y del género femenino.
Representantes de Colombia, Emiratos Árabes, Perú, Durango, Tabasco, Nuevo León, Chiapas, Campeche y D.F., se congregaron en el Centro Cultural para dar paso a un maratón poético, que entre dinámicas infantiles, mesas de lectura, incluyendo la respectiva comida y cena, tuvo una duración de poco más de 10 horas.
Cabe destacar que momentos antes de finalizar el encuentro, la poetisa colombiana Mary Giraldo donó al Centro Cultural una serie de libros de escritores de su país, con lo que se enriquece el acervo literario del lugar.
La clausura del evento y la entrega de reconocimientos a las invitadas, estuvo a cargo del Director de Cultura municipal, Alejandro Molinari Torres y de la organizadora, Socorro Trejo Sirvent.

Un poco de Rosario

Rosario Castellanos Figueroa nació en la Ciudad de México en el año de 1925. Vivió su infancia y parte de su adolescencia en la ciudad de Comitán de Domínguez, para posteriormente volver a su ciudad natal.
Desde su temprana infancia se interesó en las letras y en el contexto de la sociedad en que vivía, temas que se vieron reflejados en el papel que desempeñó en su adultez.
Fue, entre otras cosas, promotora cultural en el Instituto de Ciencias y Artes en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; directora del Teatro Guiñol en el Centro Coordinador Tzeltal-Tzotzil, en el Instituto Nacional Indigenista en San Cristóbal de las Casas, Chiapas y directora general de Información y Prensa de la Universidad Nacional
Autónoma de México.

A raíz de la importancia que cobró su trabajo, fue nombrada embajadora de México en Israel, lugar al que se vivió de 1971 a 1974, año del trágico accidente que le arrebataría la vida un 7 de agosto.

martes, 10 de junio de 2014

La pasividad Mexicana




A lo largo nuestra vida vamos forjando nuestra personalidad, derivada de las diferentes experiencias y aprendizajes que obtenemos en el tiempo que crecemos física y emocionalmente, esto nos define como personas y nos hace ser quienes somos, como padres, hijos y hermanos. Sin embargo, estas experiencias también nos definen como sociedad, y nos hacen actuar o no actuar, es lo que nos define como mexicanos.




Foto: www.visitingmexico.com.mx/




Por Francisco Fonseca Aguilar

México es un país sumamente individualista, no sabe trabajar en equipo y esto se ha demostrado desde antes de la conquista, durante la conquista y en la historia actual no hace falta citar ejemplos para justificar esta aseveración. Esto ha definido nuestra “mexicanidad”, somos una sociedad convenenciera, una sociedad que se defiende individualmente por las experiencias y aprendizajes del pasado, somos una sociedad que aprendió a convivir con la traición desde siempre. No quiero ser demasiado tajante en este aspecto de nuestra personalidad como sociedad, creo que es importante destacar momentos históricos que contradicen mis opiniones, como algunas etapas de la Guerra de Independencia, la Revolución, el movimiento de los Cristeros y el movimiento estudiantil del 68; todos momentos claves de la historia de México, todos movimientos sociales de unión y organización, pero al mismo tiempo todos están llenos de traición al más puro estilo “malinchista” e individualista, traiciones que terminaron con la organización y con los principales objetivos de cada movimiento. Esta traición tiene como consecuencia social que seamos un país históricamente decepcionado de sí mismo, somos una sociedad que tiene como principal objetivo evitar a toda costa la decepción, esto a su vez, es lo que ha forjado el individualismo que nos define como mexicanos, vivimos a la defensiva y buscando no enamorarnos del éxito colectivo, no vaya ser que todo salga mal por alguna razón que este fuera de nuestro control. De este modo, el mexicano solo ve por sí mismo y por los suyos. El prójimo para el mexicano no llega a ser más de 50 personas en su círculo cercano, “la gente que importa”, “no podemos preocuparnos por los demás si los míos no están bien”, “mientras me vaya bien a mí”,” mientras estemos bien”. En nuestra sociedad todos estamos solos y solos salimos o solos nos quedamos. Este pensamiento es totalmente lógico para el mexicano; es, a mi forma de ver, el motor que ha movido a México en estos 200 años que llevamos como nación, es un capitalismo de supervivencia en medio de una sociedad que se defiende egoístamente. Sin embargo este pensamiento tiene su mayor fuerza en su propio detonador: La Traición, que es la herramienta mejor utilizada por la sociedad que se defiende de la decepción. El mexicano en la vida laboral, espiritual, personal, sentimental, familiar, y sobre todo, en la vida política, sabe cuando y como traicionar. Es importante destacar que estoy generalizando a la sociedad, me es difícil encontrar individuos compatriotas que no tengan estas características y resalto que si lo hacen o no, dependerá siempre de que tan grande sea su temor a la Decepción.

El mexicano puede traicionar a su equipo de fútbol con tal de no decepcionarse, puede dejar de apoyar una causa, a sabiendas que es causa perdida, evitando así la decepción, puede traicionar al que lo traicionó. Para el mexicano la acción de decepcionar es en sí una traición. Muchas veces el crecimiento de uno mismo depende de cómo hayas fastidiado a tu más cercano competidor, pisotear al de enfrente para salir adelante es permitido y muy bien visto entre los mexicanos. Es en este punto donde no sólo es importante saber traicionar sino hay que saber como hacer alarde de que tan bueno eres traicionando para crear un prestigio que te defenderá y te posicionará para futuros enfrentamientos. Alguna vez alguien cercano me dijo: “Todos los alborotadores sociales están solos en la vida, por eso no tienen nada que perder, por eso están enojados”, haciendo referencia al conflicto electoral del 2006. Es en este sentido donde el connacional se vuelve un ser pasivo, que no participa, que se queda refugiado esperando saber moverse entre la jungla para buscar alimento, o volviéndose un vil mexicano caníbal. Por esta razón los movimientos sociales de la actualidad se quedan en la moda, en el momento, por esta razón movimientos políticos como el del 89 y un poco en el 2006 se quedan en los periódicos y nada más. Personalmente ésta es la parte en donde yo me decepciono y es el punto en el que saco mi máxima “mexicanidad”. ¿Participar? ¿Pertenecer? ¿El mexicano merece que baje mi guardia? ¿México tiene lo que se merece? Ahí se lo dejo en la mesa.